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lunes, 28 de septiembre de 2009

Inventario de las desgracias (con pilón).

A mi hermano, el Bob, en su cumple-cumple.


El lejano lunes 27 de abril (cf. a este respecto http://laultimaesmortal.blogspot.com/2009/04/digamos-salud-o-proposito-del.html o deslícese esta página hacia abajo) los rehenes de la muy noble y leal nos agitábamos bajo la amenaza inminente de la gripe porcina (después influenza A H1N1); sin imaginar, como normalmente ocurre en estos casos, el filo álgido de la espada de Damocles que pendía sobre nuestras cabezas.

Desde entonces, la crisis financiera global hincó sigilosamente sus dientes en la economía mexicana y, nueva e inadvertidamente, alguien echó al retrete buena parte de los planes y proyectos de nuestras vidas ---hoy, la consultoría dependiente del Bank of America, Merrill Lynch, auguró que la economía mexicana caería este año la friolera de 10% y que regresaría a los niveles previos a la crisis ¡hasta el 2011! (cf. http://www.eluniversal.com.mx/notas/629484.html)---, sin que encontremos, bien a bien, a quien endosarle la factura. El secretario Carstens, pidiéndole a todos los santos ---él es panista, no lo olvidemos--- que nadie recuerde sus previsiones insípidas del 2008 para el "catarro" que se avecinaba, amenaza hoy por hoy con escenarios apocalípticos si no se aprueba el paquete fiscal para el año que entra y, corifeo de la sinrazón, arrastra inerte al titular del Ejecutivo en una espiral de declaraciones que únicamente contribuyen a incrementar la inestabilidad que ya agita sus primeros embates sobre el país (el mejor ejemplo de esto está en la reprimenda pueril de que si no hay aprobación del presupuesto 2010, entonces no habrá vacunas para el malestar que nos sirvió de pórtico; cf. http://www.eluniversal.com.mx/primera/33643.html).


Tampoco imaginábamos por aquellos ayeres que la paz octaviana de la que se jactaba la derecha regente (que no gobernante), sería quebrantada por un secuestro aéreo obra del maniático-mesiánico Josmar Flores Pereyra, ni que el Valle de Anáhuac sería violentado por los señeros disparos de Luis Gelipe Hernández Castillo (¡claro!, el hipocorístico subrayado es mío) o, aunque de mucha menor cobertura mediática por la baja potencia de las mismas, las explosiones en sucursales bancarias y establecimientos comerciales (¡siete en total en menos de un mes!), vindicadas por la agrupación de corte internacional Liberación Total, Humana, Animal y de la Tierra (cf. la nota http://www.eluniversal.com.mx/ciudad/97692.html para ver qué más nos aguarda en el futuro inmediato).


El personal sindicalizado de la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) asentada, naturalmente, en nuestra muy noble y leal y en riesgo de esfumarse, al igual que sus homólogas de Turismo y de la Función Pública, con motivo del plan de ahorro del Gobierno Federal urdido por Carstens; amenazó a las puertas del Senado que defendería la dependencia gubernamental y la tierra "con sangre" (cf. en la medida de lo posible la escurridiza nota http://www.eluniversal.com.mx/notas/629478.html , que hoy por la mañana apareció en primera plana y horas después, sospechosamente, desapareció cediendo su lugar a unas líneas a propósito de la popularidad (¡!) del titular del Ejecutivo).


El pilón:


(Y si esto no fuese suficiente, el omnímodo Juanito (alias Rafael Sánchez Acosta), figura arquetípica de la clase política mexicana, ejemplo de la movilidad social a la que aspiran las clases menos favorecidas y sabedor indiscutible de las enseñanzas de El Príncipe, ha llegado (sí, para quedarse) al frente del gobierno microlocal de Iztalapalapa, despertando algunos de los pruritos más inconscientes y recónditos de buena parte de la zoociedad capitalina que no deja de tildarlo desde naco hasta Guanito... A todas luces, este drama ---al menos para Clarita Brugada---, promete contar con todo lo necesario para terminar en un sainete espléndido, como no se veían desde el gobierno de Jolopo ¿alguien se acuerda del bidé de Rosa Luz (Alegría) o de la hermanita conocida como la Catapulta?)

domingo, 26 de abril de 2009

Naturalmente, la influenza... Digo, la gripe..., ¡qué no! ¿El catarro?

A Rut Salazar Contreras.

1. Días para recordar y la influenza como enfermedad mental.


Los rumores habían ido royendo la confianza de propios y extraños desde hacía una o dos semanas; inclusive recibí un correo masivo de alguno de aquellos remitentes que casi rayan en el anonimato en nuestras listas de contactos, que me advertía de la contingencia latente y cordialmente invitaba a todos los destinatarios a vacunarnos contra la gripe (el término influenza en el diccionario de la RAE remite al galicismo gripe y éste se define como una "[e]nfermedad epidémica aguda, acompañada de fiebre y con manifestaciones variadas, especialmente catarrales." A este último respecto, la entrada catarro evidencia el poder evocativo de la lengua española, silenciado por nuestra ignorancia del latín y el griego: del lat. catarrhus, y este del gr. κατάρροος, de καταρρεῖν, afluir).
Independientemente de cómo se la denomine, la influenza reblandeció la indiferencia casi fraternal con que los mexicanos nos referíamos al catarro común y en su lugar eclosionó una caterva de imágenes apocalípticas incubadas en la madurez intelectual y de criterio, fruto de las políticas públicas en materia de educación, la prensa amarillista y las telenovelas en horario estelar por el canal de las estrellas. En consecuencia, no debe sorprendernos que los tapabocas (¡la palabra cubreboca no está en el diccionario!) se hayan agotado en el Valle de Anáhuac en menos de ¡un día!, ni que la gente haya recurrido aun al mercado negro para allegarse dosis de vacunas inútiles, toda vez que el virus es nuevo; ni que alguien haya fallado públicamente que el brote de gripe es un castigo divino por haber vinculado a un hombre de Su ministerio con una banda de pederastas recientemente desarticulada por la policía local (cf. los comentarios a la nota http://www.eluniversal.com.mx/notas/593545.html).
Asimismo, la enfermedad puso de manifiesto (¡una vez más!) el espíritu predador y la desconfianza en sus insttuciones de los rehenes de esta muy noble y leal: en cuanto el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, anunció la noche del jueves 23 que las clases se suspenderían al día siguiente y habló del número de casos y, sobre todo, de los 20 decesos para los cuales se tenía confirmación virológica de un total de 81, ipso facto comenzaron a proliferar los vendedores ambulantes de tapabocas, se descalificaron todas las cifras apelando a la consabida actitud paternalista del gobierno y se barajó la posibilidad de que se estuviesen probando armas biológicas en suelo mexicano (y como siempre ocurre desde la herida del cuarentaisiete, alguien tenía que hallar la forma de embarrar a los gringos en todo esto).
Al día siguiente la gripe ---apellidada porcina y ya tildada por lo menos de pesadilla al ratificar los encargados de la salud pública que no existe vacuna para ésta---, se convirtió en una enfermedad mental: automovilistas con las ventanillas cerradas que iban conduciendo con tapabocas, terminales de autobús con una afluencia mayor a la que es costumbre en este temporada y compuesta de sujetos impacientes, deseosos de alejarse del Distrito Federal, el Estado de México, San Luis Potosí y Veracruz como quien huye de una estantigua, máscaras antigás en el metro, ventas telefónicas de seguros de gastos médicos mayores y cobertura radiofónica cada tres horas del "desenvolvimiento de la epidemia".
Ayer sábado las calles lucieron vacías, no obstante que el titular del Ejecutivo y el mencionado secretario suscribieron un decreto que entró en vigor ese mismo día y en el que se señala que aquél asume "el control de las acciones en el país para prevenir, controlar y combatir el virus de la influenza", entre las que debe destacarse (cf. http://www.eluniversal.com.mx/notas/593646.html):
"[...]IV. El ingreso a todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate de la epidemia."
(Naturalmente, la sorpresa manifestada en el párrafo anterior se desprende del logrado profesionalismo y la observancia de los derechos humanos que guardan todas las fuerzas del orden público en este país: ¿dónde quedó el artículo 16 constitucional?)
Los restaurantes y cafeterías de moda acusaron la ausencia de sus clientes habituales, los partidos de futbol que se disputarían en la recta final del torneo se efectuaron a puerta cerrada y para hoy, domingo, la Secretaría de Educación Pública comunicó la suspensión temporal de actividades, a todos los niveles, ¡hasta el 6 de mayo próximo! Y en total concordancia con lo que escribí sobre mayo en otra parte (cf. http://laultimaesmortal.blogspot.com/2008/05/la-suavidad-de-la-patria-en-primero-de.html), el flamante secretario Alonso Lujambio mencionó que no hay que hacerla de tos, que sólo se perderán tres jornadas "pues el 30 de abril es día del niño, y los días 1 y 5 de mayo son de asueto." Por otro lado, el secretario Córdova Villalobos anunció la suspensión de "todos los eventos en espacios abiertos o cerrados como centros de culto religioso, estadios, teatros, cines, bares, para evitar aglomeraciones." A este respecto la Arquidiócesis de México confirmó que el por demás fatuo cardenal Norberto Rivera Carrera, celebrará el tradicional sacrificio dominical en la Catedral Metropolitana a puerta cerrada y éste se transmitirá por radio a todos los fieles (¡claro!, cuando pasen solicitando el diezmo uno puede cambiar tranquilamente de estación).
2. Su moraleja jovenazos.
Al parecer la gripe porcina ya permea todos los estratos del acontecer local (y poco a poco va hincándose en el nacional y aun allende nuestras fronteras). Quiero cerrar el día de hoy apelando a la (mala) memoria de la iletrada nación mexicana, que no coge un libro ni por equivocación: a finales de la segunda década del s. XX, un "brote" de influenza mató alrededor de 25 millones de personas en el mundo entero en sus primeras veinticinco semanas. (Téngase presente que el VIH fue responsable de la misma cantidad de víctimas en sus primeros veinticinco ¡años!)
Aunque el número total de víctimas mortales de aquella pandemia de gripe española (sí, un apelativo más para lo mismo) se calcula entre 50 y 100 millones de personas y se afirma que el 20% de la población mundial padeció la enfermedad; en lugares como Fiji y Samoa Occidental entre el 17 y el 22% de la población desapareció en sólo dos semanas (cf. http://es.wikipedia.org/wiki/Gripe_espa%C3%B1ola). (Por supuesto, siempre queda un resquicio para la especulación ¿quién quita y esto no debe figurar entre los distractores institucionalizados para el bienestar de la ignorancia popular y la preservación de privilegios y desigualdades, panoplia de la desinformación en la que figuran los juegos olímpicos del 68, el mundial del 86, la aprehensión de la Quina, la otra campaña, el chupacabras, el muerdealmohadas, los OVNI y Jaime Maussán?)

miércoles, 9 de enero de 2008

Estaba un día la Caperucita navegando en Internet...

1. La modernidad.


Una de las cosas que más me molestaban en las postrimerías del siglo pasado era el abuso de la palabra modernidad: en un arrebato de radicalidad que hubiera enviado el mismísimo Rimbaud ---por aquello de il faut être absolument moderne---, ciertas esferas de la zoociedad mexicana decidieron que debía enarbolarse la modernidad a ultranza y esgrimirla como la panacea histórica ante tantos y tantos años de desperdicio en este país: ¿cuál podría ser el único remedio ante políticas económicas absurdas y planes de desarrollo pésimamente implementados? Más aún en un momento en el que el tristemente célebre gobierno del cambio había optado por hacer tabula rasa de la herencia priísta y, en un movimiento característico de la mesiánica clase política mexicana ---encarnada como nadie en la figura funambulesca de Vicente Fox---, buscar un arquetipo ideológico que no sólo trascendiera aquél del régimen anterior (la consabida Revolución inagotable) sino que nos refrendara la promesa (¿o la ilusión?) de que el nuevo régimen estaba libre de las taras de sus antecesores.


De la noche a la mañana, la modernidad inundó los escaparates y pocos renglones resintieron más su embate que la educación. Era como si el sector más indicado para alzar la voz y denunciar a los falsos profetas de la modernidad, evidenciara su debilidad y flaqueza, crónicas de algún tiempo a esta parte, sucumbiendo a políticas absurdas ---tanto públicas como privadas--- que se regocijaban exaltándose a sí mismas: ¡la enciclomedia, la biblioteca Vasconcelos, el "redondeo"! Aquellos que denunciamos públicamente que Internet era mala maestra y que los niños no necesitaban computadoras ---mucho menos clases de inglés---, sino mejorar su comprensión de lectura y elevar su desempeño básico en matemáticas, fuimos vistos como heces del antiguo régimen, sabandijas que lo único que anhelábamos era ver caer al nuevo prócer, al campeón que encapsulaba las esperanzas de (casi) todos los mexicanos.

Naturalmente ahora nos preguntamos: ¿adónde fue a parar la dichosa modernidad?

Si alguien la ve, dígale por favor que necesitamos nuevamente de ella (o de alguno de sus semejantes) por exactamente las mismas razones que hace siete años.



2. El terrorismo.

Otro fenómeno ---simétricamente similar al anterior--- ocurrió con el terrorismo. Los primeros años del nuevo milenio se vieron empapados con esta palabra, gracias a que la zoociedad más teledirigida del planeta, aquélla que nos muestra cómo el homo sapiens abandona la razón para convertirse en el homo videns, emprendió una batalla global ---y que a muchos nos recordó los últimos párrafos de Cyrano de Bergerac en los que, delirante, éste lucha contra enemigos invisibles antes de morir---, en contra de todo aquello que fuera siquiera sospechoso de apoyar o simpatizar con el terrorismo y como respuesta natural a los ataques del 11 de septiembre contra lo que era, a lo más, la mejor vista del bajo Manhattan.

(Espero que el párrafo anterior no nos coloque en el índice de la CIA).


La campaña de Bush logró, entre otras cosas, convencer a buena parte de los Estamos Hundidos y a aquellos que se afanan por copiar sus patrones de vida, de que el mundo era un lugar terriblemente inseguro para ellos, que prácticamente todas las demás naciones envidiaban el american way of life y que aquellos que nos atrevíamos a acusarlo como una forma impersonal y consumista de despilfarrar la existencia, éramos unos ardidos, jijos de Fidel Castro y Osama, casi-casi unos pinches jodidos y desharrapados para los cuales nunca se abrirían las puertas de los cielos y estaríamos condenados a permanecer d'este lado del muro, en la tierra de las devaluaciones, el sarape y las tortas 'hogadas ¡'í 'eñor!

Sin embargo, la situación real en el mundo no ha mejorado en lo más mínimo, dado que Washington anda tan limitado de mientes que nunca ha encaminado sus esfuerzos a lograr que la percepción generalizada que se tiene de los ciudadanos del vecino país del norte cambie. Es claro que esto juega únicamente en detrimento de la forma en que los gringos experimentan el mundo y que mientras dicha situación no se modifique, podemos agregar una sicopatía más al ya de por sí nutrido muestrario de las que caracterizan la vida en EEUU.

Desafortunadamente todo esto repercute en otros habitantes del planeta y, dado que el Señor actúa de misteriosas maneras, para muestra basta un botón: ¿qué le ocurrió a la Caperucita mientras se encontraba el otro día navegando en Internet? Pues que el sistema operativo de su nueva computadora portátil sacrificó ---por no llegar al término justo y decir que inmoló en descomunal hecatombe--- la rapidez del procesador en aras de la seguridad. Por si esto no fuera poco, una vez que la dulce nena se deshizo del sistema operativo Windows Vista y regresó con su antecesor XP, ¡resultó que la última versión del navegador, que tan diligentemente se encargó el sistema operativo de descargar e instalar, se la pasa recordándole que hasta la página web del chocolate "Abuelita" posee un certificado emitido por una corporación en la que no ha depositado su confianza (¿!) y que el explorador le recomienda (¿¿!!) no dirigirse allí!

(¡Quietos cabrones! Ya sé que uno puede deshacerse "tranquilamente" de todo lo que huela a Windows y pasarse buena parte de la vida cazando plug-ins para correr las aplicaciones que a uno se le hinche el güevo; pero aquí estamos hablando de que Caperucita quiere pasarse la mayor parte del tiempo T-R-A-B-A-J-A-N-D-O y no quiere volverse, ni remotamente, una experta en ingeniería de software: ¿por qué algunos parecen estar peleados con la eficiencia? Uno debería ser capaz de conseguir una compu, instalar lo que uno deba instalar y ¡a la fruta!, ¡a trabajar y ya!)

A todo esto, y para concluir con una pregunta natural, en esta historia ¿quién es el Lobo Feroz?