miércoles, 18 de febrero de 2009

Visiones de la gloria

(o como dice mi querido Marmo: "la felicidad no existe, pero uno suele llegar tan cerca").
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Santa Teresa de Ávila.
Estoy seguro que pocos, muy pocos lo conocen por su nombre: desde hace aproximadamente más de dos años habita un rincón cerca del cielo en la Viaducto-Piedad con su esposa y sus dos hijos: Luis y Abraham ---cuyos nombres sí han sido patentizados, que no patentados, en la inagotable caterva de reclamos de sus padres y a los que aquellos se limitan a preservar el misterio con lacónicos: "sí, pá", "no, má"---; sin embargo estoy seguro que igual de pocos, muy pocos personajes en rededor tienen un impacto en nuestro rumbo equiparable al de dicha persona.
* * *
El caso es que el Vecino ---así se hace llamar él , creo que hasta por su esposa e hijos---, abrió una cenaduría casi en la esquina que forman Coruña y Carlos Pereyra, justo entre los regalos Gumi y la veterinaria Animal Town y donde antes se ubicara un taller de computadoras; lo cual ha significado la satisfacción de una necesidad apremiante creada por lo gastado de la oferta culinaria en la colonia. Más aún, en estos tiempos de crisis, los precios del menú y la relación precio vs. cantidad han contribuido al éxito del lugar sin lugar a dudas.
* * *
Uno puede deleitarse los sábados y domingos con enchiladas verdes y de mole a tan sólo $25.- la orden (de tres) acompañadas de su bolillo calientito ---traído de la panadería solícitamente por Luis--- sin ningún cargo extra. El café, a tono con el problema de salud pública que representa la diabetis (sick, digo sic) en esta ciudad, es una mezcla balanceada de la infusión y canela, diríamos que casi es de olla, si no fuera por la exclusión amarga del piloncillo, y su precio asciende a $8.- la taza.
* * *
Las tostadas (de pata, de cochinita, de tinga de pollo o de res, etc.) son de a $10.- y sus guisados, mayestáticos sobre una solio de frijoles refritos, van revestidos de lechuga fresca, crema y queso cotija ---que por cierto, ya tiene denominación de origen---; las quesadillas (o empanadas para los puristas mamertos; aunque por favor, confronten la entrada correspondiente en la vigésima segunda edición del diccionario de la RAE) ofrecen toda una panoplia de guisados en sus humeantes entrañas que van del escurridizo picadillo de res al exotismo incombinable de la panza ---o los callos ¡pardiez!---, pasando por las tradicionales papas con longaniza, el chicharrón aprensado (esto es un arcaísmo, pero no importa: sigue siendo delicioso) o la escueta y sobria flor, entre muchos otros. ¿De a cómo no? De a $10.- las sencillas y de a $12.- las combinadas con auténtico queso de bola de Oaxaca...
* * *
... y para que el lector pueda hacerse una idea más precisa de la clase de arrebatos y desdoblamientos místicos que ocurren, noche tras noche, en el tabernáculo de el Vecino, baste con decir que hoy mientras cenaba con mi esposa Chata tuve una visión de la gloria ---que bien podría haberme llevado a prorrumpir como un eco antiguo aquello de muero porque no muero---: para mí, la gloria sería una tostada infinita de cochinita pibil con salsa roja y que acometo, dentellada a dentellada, con el entusiasmo del hambriento que se renueva bocado a bocado.

martes, 3 de febrero de 2009

Una de Dylan.

Cambio de guardia.

Dieciséis años,
dieciséis estandartes unidos sobre la campiña
en la que se lamenta el buen pastor.
Hombres desesperados, mujeres desesperadas y divididas
extendiendo sus alas bajo las hojas cadentes.
La Fortuna llama.
Me adelanté de las sombras al mercado,
mercaderes y ladrones, hambrientos de poder, mi último trato fallido.
Ella tiene un olor dulce como el del prado en el que nació,
en la víspera del estío, cerca de la torre.
La luna serena.
El capitán espera por encima de la celebración,
enviando sus pensamientos a la doncella amada
cuyo rostro de ébano es inefable.
Aún en desgracia, cree que su amor será correspondido.
Raparon su cabeza.
Ella se desgarró entre Júpiter y Apolo.
Un mensajero llegó con un ruiseñor negro.
Yo la vi en las escaleras y no pude sino seguirla,
seguirla más allá de la fuente donde levantaron su velo.
Trompiqué al incorporarme.
Pasé la destrucción en las acequias
con las puntadas aún cicatrizando bajo un tatuaje con forma de corazón.
Sacerdotes renegados y jóvenes brujas embusteras
estaban ofreciendo las flores que te había dado.
El palacio de espejos
donde se reflejan soldados perro,
el camino sin fin y el lamento de los carillones,
las habitaciones vacías donde su memoria está a salvo,
donde las voces angelicales susurran a las almas de antaño.

Ella lo despierta
cuarentaiocho horas después, el sol está rompiendo
cadenas casi rotas, laurel de la montaña y rocas rodantes.
Ella le suplica saber las medidas que tomará ahora.
Él la humilla y ella se sujeta a sus rubios y largos cabellos.
Caballeros, dijo,
no necesito de su organización. He limpiado su calzado,
movido sus montañas y marcado sus cartas;
sin embargo, el Paraíso está ardiendo: prepárense para la eliminación
o bien sus corazones deben tener el valor para el cambio de guardia.

La paz vendrá
con la tranquilidad y el esplendor en ruedas de fuego,
pero no ofrecerá recompensa alguna cuando sus ídolos falsos caigan
y la muerte cruel se rinda mientras su pálido fantasma se retira
entre el rey y la reina de espadas.
(Por la traducción: FBP).
Copyright ©1978 Special Rider Music.

lunes, 12 de enero de 2009

(Sin título.)

"la lluvia es un hecho que siempre ocurre en el pasado".
J.L. Borges.
Tímida, fría, insondable y del todo ajena a las consideraciones de locales y transeúntes por igual, hoy cayó la primera lluvia del año sobre la Cd. de México.
No fue un meteoro que merezca ser recordado por su intensidad o duración ---mientras termino de escribir estas líneas, las últimas chorreras se agolpan en los aleros---, ni lo violento de sus embates o la cuantía pecuniaria de sus daños nos harían temer su presencia en otro lugar o momento. Así, difícilmente alcanzaría cualquier nota en el impersonalísimo ---pero no por ello menos humano--- registro que asigna los recursos de nuestra atención en función del precio humano cobrado por los percances...
... Pero revistió a la noche de la más sutil belleza.

jueves, 8 de enero de 2009

¡Todo debería llevárselo de una buena vez el carajo!

Desde la accidentada obtención de mi pasaporte en diciembre pasado (vid la entrada del 15.12.08) a esta parte, he venido apercibiéndome de una buena parte de las cosas que fastidian, lastran y se engorran en la vida cotidiana de los otrora considerados suertudos habitantes de este alto valle metafísico.


(Y como afirman que al mal tiempo, buena cara; hasta el día de hoy podía afirmar orgulloso que ni las aglomeraciones que ya se forman en todos lados, ni el tránsito que fluye con lentitud de pesadilla, ni la demanda culinaria de la nalga con la que se violenta la convivencia, ya de por sí ríspida, entre hombres y mujeres, ni la burocracia de ineptitud irremisible con sus errores básicos ---por no referirlos como pueriles--- en la lógica de sus procedimientos, ni la inseguridad autocomplaciente que bate impune a la vuelta de la esquina habían podido minar mi gusto por ser rehén del Valle de Anáhuac; sin embargo, no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante).


Ahora resulta que, contrario a lo establecido en el convenio que suscribí con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) para ser becario del mismo y que marca que el estipendio mensual deberá depositarse dentro de los primeros cinco días naturales de cada período, los muy pendejos no previeron las dificultades que acarrearía la disposición del Año Nuevo y del día de Reyes en el calendario y ayer (07.01.09), a la hora de cierre de los bancos, todavía no había ni un puto quinto caído de la mano de estos cabrones.


¿Por qué los becarios (en su mayoría, estudiantes de posgrado) estamos sujetos a un régimen en el que se nos remarcan de manera por demás intimidatoria todas las obligaciones y ninguno de los derechos? ¿Cómo es posible que no existan canales claros de comunicación con el Consejo para poner una queja y, sobre todo, que a la hora de la hora no haya un sólo funcionario público con la vergüenza y educación suficientes para explicar qué coños ocurre y cuándo se resolverá el problema? ¿Por qué no en lugar de andar mandando mensajitos cursis por correo electrónico con motivo de la Navidá y lo que le sigue, la "Director (sic) Adjunta de Formación y Desarrollo de Científicos y Tecnólogos", M. en C. Silvia Álvarez Bruneliere, pone a trabajar a sus canchanchanes para sortear de la mejor manera contingencias de esta índole?


Finalmente ¿por qué no vemos la misma acrimonia y virulencia que familiarmente caracteriza a los burócratas entre la Subdirección de Becas Nacionales y la Tesorería de la Federación (TESOFE) por la lenta liberación de los recursos? ¿De veras creen que su timorata cartita va a remediar los sinsabores e incertidumbre de su insensatez e incompetencia? ¿Qué se creen? Por lo visto, para ellos la investigación científica en este país es sólo un pasatiempo que no tendría porque remunerarse y los estudihambres dedicados a ella podemos satisfacer nuestras necesidades más apremiantes, haciendo fotosíntesis bajo el sol.
* * *
Pendejos, mil veces pendejos: si de por sí a este país ya se lo está llevando el carajo...


lunes, 5 de enero de 2009

La inseguridad a la vuelta de la esquina.

Sí, desafortunadamente, la inseguridad llegó para quedarse y nosotros, los rehenes de esta muy noble y leal, no podemos sino sobreponernos a sus infatigables embates con la vocación resignada al martirio observada por los primeros cristianos. Sin embargo, nuestra pasión no apuntala las bondades de credo alguno, ni nos indulta por nuestras flaquezas al interior del mismo o siquiera nos regocija con la premisa ilusoria de la restitución de nuestro espíritu a la divinidad. No, nuestra pasión ---al igual que toda la vida del Hombre a los ojos de Sartre--- es inútil y estéril porque no redime de nada a nadie.
* * *
Aguzando un poco nuestras mientes, tarde o temprano acabaremos preguntándonos cómo fue que caímos en esta situación y, sobre todo, qué podría hacerse para paliar este mal que ya distorsiona la visión que tenemos de la ciudad y de nosotros mismos. ¿Cómo podemos sacudirnos, de una buena vez por todas, la desigualdad atávica que camina entre nosotros y que parece ennoblecernos por la indiferencia imperial que en nosotros genera? ¿Hacia dónde marcha una zoociedad que proclama el abuso, la corrupción y la impunidad sin cortapisas como valores cívicos y que parece concentrarse en su grado de iniquidad hacia sus semejantes con cada nueva generación? ¿A qué puede aspirar un país con una clase política rampante, coludida con la delincuencia y que descansa en la ignorancia mediatizada de sus electores?
* * *
(Ojo mis valedores: tampoco se trata de pactar un nuevo llamado a tomar las calles con la anuencia parcial y sensiblera de los medios electrónicos como en el caso de Iluminemos México (sic): la motivación puede ser la correcta; pero los medios y sus alcances dejan ---y han dejado--- muchísimo que desear).
* * *
¿O qué? ¿De plano este país ya no tiene salvación?
* * *
El problema con estas preguntas truculentas es que la gente suele tomarlas por retóricas y así se quedan: en espera de que aparezca algún desafortunado que las formule de nuevo... Pero baste decir que en Noche Vieja allanaron la casa de nuestra vecina, la del 6, arrasaron con todo lo de mediano valor los muy rateros y, hoy por hoy, me siento más vulnerable que nunca.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Así fue...

Harto de lidiar con el sentido imperial con el que suele conducirse la burocracia mexicana ---específicamente aquélla de la Secretaría de Relaciones Exteriores---, volvía a casa el pasado domingo 7 ---¡lo que faltaba!--- arrastrando la frustración gastada que nos deja el salir victoriosos de cualquier trámite que emprendamos contra ésta: por un lado me incomodaba un prurito que insistía en la incoveniencia de tener que renovar un documento que amparase nuestra nacionalidad y aun la simple existencia de ésta; mientras que por el otro, me consumía la premura de tener que conseguir un boleto de avión a las 18 hrs. para salir al día siguiente a las 6. Como suele ocurrir en estos casos, la sede Tlatelolco del Centro Cultural Universitario barruntaba una tormenta y no asomaba por el contraflujo del eje central ni un puto trolebús.
Finalmente llegó el transporte ---hasta el güevo ¿cómo si no?--- y emprendimos la marcha hacia Bellas Artes: después de atravesar por abajo del Paseo de la Reforma, mi ánimo parecía proyectarse sobre el frenesí mediocre que desplegaban a esa hora los mariachis en Garibaldi, pero se recuperó al enterarse que Paquita ---sí, la del barrio--- iba a presentarse esa misma tarde en el Blanquita a lustrar el ajado brillo que revistió al lugar hace ya algunos ayeres.
Llegamos. Un malestar indescriptible me llenó el vientre al mirar la seguridad ferina con que equiparon los senadores su estacionamiento. Ni siquiera necesité mirar dentro de éste para contrastarlo con el panorama triste que exhibía la acera norte de avenida Hidalgo: vendedores de usado y de garnachas realizaban sus últimas transacciones, nerviosos ante la tinta que riega el ventarrón.
Antes de entrar al metro Bellas Artes, me eché en la plaza Santa Veracruz dos guajolotas de rajas. El tamalero, sin arredrarse un ápice, repartía a los comerciantes en fuga tamales y atoles de avena y cajeta desde la seguridad inestable de su triciclo. Bajé a los torniquetes buscando aspirar en el aire del crepúsculo la paciencia necesaria para viajar en esta línea en una tarde de lluvia.
Llegué a la taquilla y pedí una recarga de cien pesos: mi esposa y yo detestamos las colas.
---Usted sí sabe pa'que sirven estas tarjetas ---me espetó la taquillera mientras cogía el billete y el carné recargable. ---Luego viene la gente y me piden recargas de dos o cuatro pesos. Pa'cuando pasan los torniquetes ya no tienen recarga y ooootra vez se tienen que venir a formar.
---Pues sí, pero ya ve cómo es la gente ---respondí sin ganas de invertir demasiado cacumen en el asunto.
(No era bonita; sin embargo, mostraba orgullosa dos hileras de dientes parejitos y un trabajo de uñas que refrendaba el gusto que siempre hemos tenido los mexicanos por lo barroco. Su mirada estaba salpicada de chispa y bullicio, al igual que los castillos de fuego antes de la explosión final).
---¿Ve usted? Ya ni revisó su recarga. ¿Qué tal si nomás le pongo dos pesos y me quedo lo demás? ---Me dijo acusando mi distracción.
---Yo confío en usted, señorita. Si me puso nada más dos pesos, al rato me voy a acordar de usted... (Y de su pinche madre, pensé). ---Sin embargo, el no haber dejado traslucir ni la más mínima huella de este pensamiento fue, sin lugar a dudas, lo que desencadenó su respuesta final.
---¡Ah! En ese caso llévese su recarga y le voy a dar otra tarjeta con dos pesos nomás...
(¡Aaaarrrrrrroz!)

jueves, 4 de diciembre de 2008

La demanda culinaria de la nalga.

1. Proemio.
Cavilando sobre los impactos reales de la crisis financiera global en México durante el año que entra y la consiguiente capacidad para metamorfosearse de las sesudas observaciones de la clase política mexicana a este respecto ---la cual, por cierto, encuentra su exponente de mayores dimensiones, lo mismo en sentido estricto que figurado, en nuestro incomparable secretario de Hacienda, Agustín Carstens, quien aseveró con desparpajo e ingenuidad que estos no pasarían de ser un "catarrito" y, hoy por hoy, no deja de salmodiar y maravillarse por la buena, buenísima suerte que significaron (al menos para él, su causa y una buena parte de los que a estas alturas se habrían tatemado con los reflectores) las muertes de Juan Camilo y Carlos Abascal, la liguilla sin el América y la consabida violencia e inestabilidad que privan cada vez más cerca de esta muy noble y leal y que, dicho sea de paso, no parecen extinguirse con nada... ¡Claro!, salmodia y maravilla transcurren en un silencio p-r-u-d-e-n-t-e-m-e-n-t-e sepulcral y que sólo osaríamos perturbar con un episodio tan arrebatador y encendido como el que aquí anteponemos---.

2. Acto único.


Es verdad,

nadie osaría negarlo:

aunque llegue la Chatita y me pegase,

nadie osaría negarlo:

aunque llegue mi suegra Susi y reclamara,

nadie osaría negarlo:

aunque lleguen mi cuña'a y un tropel de tarzanes echando el anatema,

nadie osaría negarlo:

aunque mi mamá se escandalice por estas cosas,


nadie osaría negarlo:

aunque algún decreto prohibiera los ojos,

nadie osaría negarlo:

aunque quemen nuestras manos, arranquen nuestras uñas y salen nuestras lenguas,

nadie osaría negarlo:

aunque lo proscriban, so pena de arrancarnos los testículos a dentelladas,

nadie osaría negarlo,

aunque de tanto pegar el grito en el cielo, éste parezca un aviario de gritos y mentadas,

nadie osaría negarlo:

porque, indefectiblemente,

los hombres, rehenes de esta ciudad,

arden en una sed ávida de nalgas.
nal-ga-nal-ga-nal-ga-nal-ga-nal-ga...

Mira sus ojos, quebradizos, como reflejo de este valle anegado de polvo y desprecio en el que sólo florece la ceniza; míralos bien, porque también descubrirás otros ojos, estos llenos de sangre, contagiados de la fiebre que incuba el crimen y en cuyos párpados asoman colmillos en vez de pestañas.


(Pero no te engañes: todos, en el fondo, quieren nalga).

3. Epílogo.

Durante la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el fundador Klaus Schwab y el especialista Paul Krugman, premio Nóbel de economía 2008, resaltaron el carácter perfectamente inelástico de la oferta en el mercado internacional de la nalga y cómo, en el marco de las economías emergentes, un modesto suministro de ésta tiende a entorpecer los ciclos macroeconómicos más que a beneficiarlos y puede, en un escenario de volatilidad nalgaria, llegar a desquiciarlos por completo.
* * *
4. Pero ¿de dónde vino la inspiración?
Si las escaleras eléctricas que ascienden de ese purgatorio que es la línea 7 a la luz, no se mueven con el ímpetu y dinamismo que debieran ¿de quién es la culpa? ¿Del Gobierno del Distrito Federal que desvía recursos para financiar medidas populistas que algunos podrían acusar de demagogas? ¿Del gobierno del empleo que lo único que ha sabido es atiborrar el engranaje del comercio informal a expensas de entorpecer el transporte público, por ejemplo? No. Ni uno ni otro pueden demeritar ese instante que dura un suspiro y en el que alguna secretaria, profesionista, ama de casa o sexoservidora, bien dotada de carnes, concentra sobre sí lo más instintivo del género menos-culino ---porque, eso sí, está claro que el género más-culino es el de las mujeres--- y éste se emboba comiendo nalga.